Estaba por acabarse 1983 y, un sábado de diciembre, Jairo Álvarez se encontró con Elkin, a quien conocía desde hace algunos meses por su afición al rock, y le dijo:

–Estoy ensayando con una banda y yo soy el cantante. –¿Cómo se llama? –le preguntó Elkin. Jairo no supo contestarle. El grupo no tenía nombre todavía. –Vamos a un ensayo –le respondió Jairo.

Los dos se fueron en la moto de Jairo y llegaron a una casa en la Loma de Los Balsos, arriba de la Transversal Superior, en el barrio El Poblado. Era la casa de la familia de Gonzalo Vásquez, un baterista más conocido por sus amigos como Gonzo.

La banda sin nombre estaba conformada por Jorge Atehortúa, Gonzalo Vásquez, Hugo Restrepo y Jaime Tobón. Al rato, el grupo empezó a tocar Wasted, de Def Leppard y otros covers. “A Jairo eso no le sonaba muy bien. Y yo pensaba que ellos estaban todavía muy crudos”, recuerda Elkin.

Tras una pausa en el ensayo, Jaime Tobón, quien ya había visto cantar a Elkin, sin que este lo supiera, desde una ventana de la taberna Studio 33 de la carrera 45 del barrio Manrique, le pidió que si se animaba a cantar un tema con ellos.

–¿Pero cuál tocamos? –les preguntó Elkin.

¡Wasted! –dijo Jaime.

–Ah, sí, esa me la sé –respondió Elkin.

 

Después de ese tema vinieron más. Hugo recuerda que en otra oportunidad fueron a la casa donde vivía Jairo en Envigado. Elkin les cantó Heaven and Hell, de Black Sabbath, sobre la canción que sonaba en el tocadiscos y “realmente lo hacía muy bien. Emulaba la voz de Ronnie James Dio de buena manera”.

Después de una de las pruebas, Elkin se quedó hablando con los miembros de la banda. Congeniaron tanto que lo llevaron a su casa tras la sesión, en un Renault 12 verde, propiedad de Gonzo. En el trayecto le dijeron que lo iban a recoger dentro de una semana para ir a ensayar.

“Las cosas se fueron dando de forma natural. Nos fuimos como enredando y seguimos de manera espontánea”, recuerda Hugo.

Una semana después, pasaron por la casa de Elkin y se fueron de nuevo para donde Gonzo. En el ensayo tocaron Smoke on the water y no les sonaba bien. “Todos los músicos, menos yo, tenían entre dieciséis y diecisiete años. Yo tenía un poco de experiencia y, por eso, les dije que las cosas deberían tomarse más en serio. Debían ensayar más seguido si querían que la banda mejorara”, recuerda Elkin.

En diciembre de 1983, Elkin se sentó con ellos y les dijo que debían darle un nombre a la banda. De ahí empezaron a saltar algunos. Una de las propuestas fue Skiner. Otra fue The Shoes. Pero ninguna de las dos quedó. La búsqueda del nombre era uno de los inconvenientes que debían resolver. Y muy pronto.

“Nos reunimos en la casa de Elkin y él dijo que tenía una idea, un concepto. Nos dijo que Kraken era el séptimo titán de la mitología griega. Él fundamentaba todo en el peso histórico de esa cultura –sostiene Hugo–. Tenía muy claro lo que quería hacer. Desde esos tiempos nos dimos cuenta de que era su proyecto de vida”.

Y así la nueva banda comenzó a llamarse Kraken. Elkin les dijo que iba a tocar un concierto, con Ferrotrack, en abril de 1984, y que después de eso se iba de este grupo, siempre y cuando se pusieran metas claras para mejorar. “Pero si esto no suena bien y sigue así, yo no me retiro de Ferrotrack”.

Elkin propuso unos objetivos básicos para Kraken y una lista de doce temas para tener listos para junio de 1984, fecha en que se unirían de nuevo para ver qué tal iban los progresos. Entre las canciones que iban a montar estaban: Crazy Train (Ozzy Osbourne), The Number of the Beast (Iron Maiden), I’m Evil y Seek & Destroy (Metallica), Balls to the Wall (Accept), Wasted (Deff Lepard), You really got me (en la versión de Van Halen), Al otro lado del silencio (Ángeles del Infierno), Holly Diver (Dio), Todo mi mundo eres tu (Sangre Azul), Electric eye (Judas Priest) y Heaven and Hell (Black Sabbath).

El objetivo era tenerlos listos e interpretarlos muy bien para arrancar con el nuevo grupo. Y, por qué no, empezar a dar conciertos.

Como lo habían pactado, todos se tomaron en serio el compromiso. Gonzo se fue a estudiar con el baterista de Nash, Hernán Cruz; Hugo y Jaime tomaron clases con Álex Fernández, de Fénix; y Jorge recibió clases de bajo con Néstor Gómez.

Tras el concierto de Ferrotrack, al que toda la banda asistió para ver a Elkin en vivo, pasó mayo y llegaron las vacaciones de junio. Los integrantes del grupo dejaron a un lado libros y cuadernos, y el sábado 18 y el domingo 19 de junio, un día después de comenzado el periodo de descanso escolar, se reunieron de nuevo en la casa de Gonzo. Ese 18 de junio de 1984 es la fecha oficial de la conformación del grupo.

Hugo se apareció con un amplificador Marshall que había comprado, junto a Jorge, por veinte mil pesos a Álex Fernández, de Fénix. Elkin cantaba con su viejo micrófono Hi Mike y, los demás, les daban duro a los instrumentos que ya tenían.

Los ensayos de la nueva banda eran en serio. Iban de diez de la mañana a ocho de la noche. Solo paraban a almorzar. La familia de Gonzo les daba almuerzo y, entre pausa y pausa, ajustaban los detalles de lo que querían como banda de rock.

Y Kraken empezó a sonar. “Nos sentábamos a oír los temas antes de tocarlos y debían quedar perfectos”, recuerda Elkin. Ensayaron todos los días de esas vacaciones y el resto del segundo semestre de 1984, cada sábado y cada domingo. No había tregua. El Titán había despertado y ya no iba a descansar.

 

Fragmento de: Kraken 30 años 1984 – 2014, Rafael González Toro

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Así nació Kraken

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