Dora Libia: “La música que más me remueve el alma es la de la Navidad, porque mi madre murió un 24 de diciembre

Esa noche, la voz grave y atrapante de Dora Libia se quebró. Esa noche, no fueron los coros de sus canciones los que generaron el grito unísono; fue su congoja, fue su luto, fue su drama. Los cerca de 15 mil testigos en la plaza principal de Neira, Caldas, le rindieron tributo, entre lágrimas y aplausos, la mantuvieron en tarima, aunque su mente estaba en el campo santo donde un par de semanas antes habían sepultado a su madre. Fue su primera presentación en público, después de la lamentable partida. “Es muy horrible hacer la función del payaso, reír y estar destrozada por dentro”, sostiene la cantante risaraldense, integrante del jurado de Yo Soy Popular.

Cuando empezaban a resonar sus canciones y los hogares y calles estaban adornados de fiesta, irrumpió el silencio y se apagó la voz de doña Luz Adela Muñoz; la segunda voz de Dora Libia. A dúo, ganaron un concurso de música colombiana, en Cartago. Fue un premio forjado desde el hogar. Su padre, Eliodoro Pinillo y sus dos hermanos, se sumaron a la celebración. Ellos conformaron la banda sonora en aquella recordada victoria.

“Murió muy joven, a causa de un problema pulmonar. Tenía solo 60 años”, cuenta Dora Libia. Y recuerda a su madre, “como una mujer maravillosa, perfecta, hogareña, noble, un angelito de Dios; buena esposa”; como la mujer que le dio y pocos años después le salvó la vida. Curiosa la entonces niña, mientras su padre, arrancaba esforzado los frutos del campo y acopiaba el café en el corregimiento La Florida (Risaralda), ella se deleitaba comiendo mortiño. “Una vez me intoxiqué, casi me muero y mi mamá me salvó a punta de agua tibia”.

En la época más colorida y que se supone la de mayor alegría colectiva, Dora Libia se reencuentra con una tristeza que se acentúa en los fines de año, desde aquel 24 de diciembre de 2004. Con profundo sentimiento interpretó ‘Navidad sin tu amor’, en honor a doña Luz Adela Muñoz, por siempre, su segunda voz.

Luisito Muñoz: “A mí mamá se le venían las lágrimas todas las Navidades, porque ‘el Niño Dios estaba muy pobre’ y nunca pudo regalarme el triciclo con el que soñé

Sostenido por la ovación de los cerca de 30.000 presentes en el coliseo artístico de Buga, se mantuvo en pie, aún sin fuerzas. Ahogado por el llanto, levantó su mirada al cielo esplendoroso y en una de las copiosas estrellas, halló a su madre. Doña Olga Tapasco había fallecido apenas ocho días antes. “Me la imaginaba aplaudiéndome, como siempre lo hacía frente a mí, en los conciertos. Lloré mucho ese día”, rememora nuestro jurado de Yo Soy Popular.

Doña Olga siempre acompañó el coro de la iglesia de la Villa de Los Cerros, como se conoce a Quinchía, municipio de Risaralda. De ella, Luisito adoptó la espiritualidad. A ella también ve reflejada en la Virgen de Guadalupe, a la que se encomienda sin falta a la salida y de regreso a su casa. La misma mujer que lloraba inconsolable todas las Navidades, por la imposibilidad de regalarle el anhelado Niños Dios al segundo de sus cinco hijos.

“Todos los Niño Dios, anhelé un triciclo. Los 25 de diciembre, siempre me levantaba a buscarlo, pero eso solo lo tenían los ricos de la vereda, donde teníamos la finca. A mí mamá se le venían las lágrimas. Decía, ‘es que el Niño Dios está pobre y no le alcanzó para comprarlo’”.

Apenas desembarcado en el aeropuerto de Barajas, próximo a brindar un concierto en Madrid, repetidos mensajes de sus hermanos le avisaban en el celular, que los médicos habían desahuciado a doña Olga, quien desde semanas antes se encontraba recluida en una clínica de Cali. Luisito regresó de inmediato al país. Ocho días después, ella murió.

“Murió de cirrosis, pese a que nunca se tomó un trago. Lo que sucede es que ella sufrió durante muchos años de cólicos y calmaba el dolor con sal de frutas y alka-seltzer. Así fuera a la madrugada, teníamos que salir a conseguírselo. Ya cuando nos vinimos para Cali y tuvimos recursos para llevarla al médico, fue que nos enteramos que tenía la enfermedad”.

Jhonny Rivera: “Mi mamá siempre me dice, ‘uno nunca se debe creer más que nadie, menos nosotros que somos levantados a punta de yuca y plátano’”

En la blanca cabellera de doña María Mabel Valencia, se confunden muchos testimonios de las primerizas trasnochadas del tercero de sus cuatro hijos, “cuando empezó a gustarme la cerveza y llegaba tarde a la casa”, cuenta sonriente Jhonny Rivera, integrante del jurado de Yo Soy Popular.

Ella, luce serena, sabia, inalterable; es la mujer en la que el cantautor deposita su fe; es su inspiración, “la mejor mujer del mundo, la que nunca me traiciona, ni me miente, ni lo abandona”, así se lo hizo sonar en la canción ‘Es mi madre’.

El tributo sublime de Rivera a su madre, lleva adheridos un montón de sentimientos; el recuerdo de decepción y esfuerzo de sus años de adolescencia, cuando cargado de ilusiones dejó la vereda Pérez (Pereira) en la búsqueda del éxito en Bogotá, donde lo abrumó la decepción y la tristeza, luego de que su entonces novia y madre de su primer hijo, lo abandonó y emprendió junto al pequeño, destino hacia España. Abatido, hasta pensó en quitarse la vida.

Ahora se abraza a diario a la vida que le proporciona como un elixir doña María Isabel, con quien convive en su finca. Ella es la misma mujer fortalecida tras el paso del tiempo. “Tiene 79 años y parece de 50. Nunca se cansa, siempre está activa. Eso es lo que más me inspira, su energía; siempre tan positiva, si por ella fuera, mañana estaría emprendiendo un nuevo negocio”, asegura admirado Jhonny.

La mujer que con fortuna e ingenio pudo darle el regalo a su hijo que parecía impensado. “Le pedí al Niño Dios algo que para mi familia era imposible, por todo lo que valía una bicicleta. Sin embargo, en la Junta de Acción Comunal de la vereda, estaban rifando una bicicleta para la época, y así fue como me pudieron dar ese regalo, porque según mi mamá, ‘el Niño Dios compró muchas boletas y se la ganó’”.

Es de doña María Isabel, de quien Jhonny también adoptó su principio de vida. “Ella siempre me dice, ‘uno nunca se debe creer más que nadie, menos nosotros que somos levantados a punta de yuca y plátano’. Y es la verdad”.

Escrito por: Héctor Fabio Grueso.

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Las madres del jurado de Yo Soy Popular: “Mi mamá siempre lloraba porque nunca me pudo dar un triciclo de Niño Dios”