“Prepotentes y arrogantes”, los jóvenes autores de un crimen absurdo

Por: María Camila Hernández

Lo primero que se le viene a la mente a Álvaro Miguel Mina cuando recuerda a Jaime Serrano Santibáñez es que daba la apariencia de ser “un tipo prepotente”. El periodista recuerda que entrevistó a dos de los acusados de la masacre del Diners Club en Fray Damian, “donde se instaló el primer comando de la Policía Metropolitana de Cali, cuyo comandante era el general Gustavo González Puerto”.

“Lo que uno observaba era la arrogancia y prepotencia de juventud. Recordemos que Jaime Serrano tenía solo 22 años de edad y James Rodríguez tenía tan solo 18 años, los acababa de cumplir, era un hombre tranquilo de mirada baja, al contrario de Serrano”, relata Mina. Esa arrogancia, la aparente ausencia de arrepentimiento de estos dos jóvenes fueron una causa más de desconcierto para una ciudad que no conocía este tipo de violencia.

Según el entonces reportero del Grupo Radial Colombiano, la venganza motivó a Jaime Serrano a convertirse en un brutal asesino de la noche a la mañana. “Él al principio quiso distraer la versión de los investigadores dejando un letrero cerca de la oficina de Lalo Fernández de Soto, gerente de Diners, donde le dijo ‘Lalo la próxima vez cumplirás, como lo hiciste la primera vez’, pero eso lo hizo para desvincularse de la masacre que había sido por cuestiones pasionales”.

Efectivamente, este fue un elemento que añadió confusión a un hecho de por sí absurdo. El gerente de Diners ni siquiera había conocido a Serrano. Quien lo había contratado, y despedido, era una empresa de seguridad. “Desafortunadamente ese torbellino de violencia llegó de la mano de un hombre que, urgido por el amor de una mujer, Rosina Sanclemente, llegó allí para cobrar venganza después de que lo habían despedido de la empresa Wackenhut donde trabajaba”, señala Mina.

Venganza, desamor, resentimiento o simple locura. Lo cierto es que tres hombres robaron las instalaciones de Diners Club, “la tarjeta de moda por ese entonces”, y asesinaron con sevicia a la mayoría de los empleados que se encontraban allí. Los asesinaron, uno a uno, a pesar de haber tenido la posibilidad de llevarse el dinero sin derramar una gota de sangre.

Dos años después, Jaime Serrano, James Rodríguez y el ausente Francisco Ruiz fueron condenados. Allí también estuvo presente Mina, registrando la noticia: “en diciembre del 86 fueron condenados a 30 años de cárcel, máxima pena, por el Juzgado segundo especializado, por el doctor José Hugo Valdez”.  Según recuerda el periodista, los condenados recuperaron la libertad aproximadamente en el año 2003, cuando se encontraban en una cárcel del Eje Cafetero. Desde ese momento, Álvaro Miguel Mina no volvió a saber nada de los asesinos que le cambiaron la cara a la ciudad.

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